Cuando te veo
se aclara el este
cual anaranjado rugido;
despunta el alba,
y rompe un nuevo amanecer.
Cuando te veo
hierve, como mar embravecido,
cual arroyo en la riada,
el rojo icor que fluye por mis venas
y que me agita el corazón.
Cuando te veo
escucho en mi deleite
el suave canto de querubines,
la suave melodía de tu risa,
el atronador silencio de mis ideas.